Al hablar de “papel”, lo hacemos en dos sentidos: nos podemos referir, por un lado, al diploma o reconocimiento que muchas empresas buscan colgar en la pared de sus recepciones y mostrar al mundo que son incluyentes, o por el otro lado, al verdadero papel que las organizaciones juegan en la inclusión laboral, y éste va mucho más allá de un papel enmarcado.

La Norma Mexicana NMX-R-025-SCFI-2015 en Igualdad Laboral y No Discriminación fue un esfuerzo realizado entre Inmujeres, la STPS y el Conapred, que busca entre, otras cosas, la no discriminación en los espacios laborales. Sin embargo, como todas las normas en cualquier parte del mundo, es susceptible de ser sólo un papel enmarcado; es aquí donde cobra importancia la inclusión aplicada de forma real en un espacio de trabajo, porque lejos de más allá de cumplir con una norma, impacta directamente en los resultados de una empresa.

Considerando lo  anterior, desde la empresa tenemos que tener mucho cuidado de no caer en el desacierto de buscar el reconocimiento como último fin. La certificación debe llegar como consecuencia de acciones y programas de inclusión, no al revés.

Ser Consciente de la Diversidad y ser Incluyente es una Fortaleza

Las personas son diversas y tienen talentos y habilidades diferentes; el conjunto de toda esta variedad conforma la sociedad. Al ser las empresas espacios sociales, representan una muestra de la sociedad; integrando esta diversidad en todos los niveles y procesos de las empresas nos beneficiamos al obtener perspectiva más amplia. Actuar de manera incluyente  nos  permite  que  en  el  espacio  exista  mayor creatividad y debate; lo que se traduce en decisiones que nos permiten impactar en el mercado y sociedad.

Inclusión Laboral es una responsabilidad

Promover el desarrollo de las personas en un ambiente laboral libre de discriminación fortalece a nuestras equipos de trabajo. La ignorancia, los estereotipos y

prejuicios afectan seriamente a la inclusión y generan barreras a la innovación y el desempeño de nuestras empresas. 

Un papel enmarcado en la pared puede dar testimonio de las buenas prácticas y estrategias de nuestra organización, pero no las genera. La inclusión debe ser construida día a día, desde todos los niveles de nuestro organigrama y unida directamente a nuestra cultura laboral. Sólo así el reconocimiento de ese papel tendrá sentido.